CONSEJOS PARA CORREDORES


CUANDO REEMPLAZAR LAS ZAPATILLAS


Aunque no hay una respuesta definitiva para esta pregunta, el diario New York Times reúne algunas opiniones interesantes para tomar la decisión en base a la experiencia de cada uno:

  • Para Ryan Hall, uno de los más reconocidos corredores de larga distancia, el cambio del calzado deportivo debe hacerse cada 320 kilómetros. El atleta opina que este asiduo cambio de zapatillas es importante para el cuidado de su salud.
  • El grupo de Investigación BioPiEx (Grupo de Investigación en Biomecánica y Ortopedia del Pie) de la Universidad de Extremadura, en España, también realizó pruebas para determinar si el kilometraje de las zapatillas afectaba a la forma en que los corredores entrenaban. Tomando como referencia a 33 atletas que utilizaron un mismo modelo de zapatillas de la marca New Balance, varios investigadores llevaron a cabo un seguimiento para analizar las presiones plantares en el inicio de la vida de las zapatillas, a los 350 kilómetros y a los 700 kilómetros.
    El estudio demostró que a los 350 kilómetros, los atletas no presentaron presiones plantares. A los 700, la presión plantar se mantuvo estable en el talón y en el antepié, pero aumentó bastante en la zona del medio píe. Este dato coincidió con el desgaste en la parte de la amortiguación de las zapatillas. El análisis indicó que aunque puede que los calzados deportivos no presenten, a simple vista, un desgaste, tienen un tiempo de uso que debe ser limitado para evitar dolencias.
  • Además de los testimonios mencionados, también aparece la opinión de Gavin Thomas, portavoz de Nike, que entiende que cada calzado deportivo tiene unas características diferentes, y seguir utilizándolo o no depende de si son más ligeros o amortiguados, del peso del corredor y de su personal estilo al correr.

Los estudios no proporcionan una respuesta definitiva, sino que abren el debate. ¿Qué opináis vosotros? ¿Cada cuento cambiáis vuestras zapatillas de entrenamiento?
Mi opinión personal: el desgaste y la fatiga de los materiales nos dirá si es el momento de cambiar de zapatillas. Algunas de las muestras evidentes son el desgaste de la suela y las arrugas y deformaciones de la media suela, como las roturas de los materiales textiles que proporciona la sujeción del pie.  Todo esto suele ocurrir cuando has usado las zapatillas de 800 a 1.000 kilómetros, dependiendo de factores particulares como el peso, la forma de correr, el terreno sobre el que lo hacemos y otros menos evidentes.
 



LAS SERIES CORTAS EN EL CORREDOR DE FONDO


Los entrenamientos de velocidad no son precisamente los más practicados por los corredores de fondo. Las series cortas son las grandes olvidadas ya que la velocidad no es una capacidad que se tenga que trabajar de forma específica para preparar, por ejemplo, un maratón.
Sin embargo, las series cortas son importantes no solo para los velocistas sino para los corredores de fondo, pues resultan muy útiles para mejorar la potencia muscular, fortalecer la musculatura con mayor intensidad para resistir la fatiga durante más tiempo y aumentar el reclutamiento de fibras musculares.

Los beneficios de hacer series cortas

Las series cortas enseñan al hígado a eliminar ácido láctico, además, mejoran la potencia anaeróbica. En general, entrenando a través de series cortas mejorarás tu rendimiento, fortalecerás tu cuerpo y disminuirás el riesgo de lesión.
Por otro lado, de cara a la carrera serás más eficiente puesto que mejorará tu tolerancia anaeróbica, tu economía de carrera, tu umbral de lactato, tu eficacia de las fibras musculares de contracción rápida, tu fuerza y tu potencia muscular. Como puedes observar, todas estas mejoras son bastante útiles no solo para corredores de corta distancia, sino que son entrenamientos que deberías incluir sea cual sea la distancia que te estés preparando.

Factores que intervienen

Resulta esencial fortalecer la musculatura para poder afrontar las sesiones de series cortas con seguridad. Las series cortas suponen un trabajo muy técnico, y es que para poder afrontarlas con buen rendimiento son muchos los factores que intervienen: tipos de fibras musculares, coordinación intramuscular, fuerza y potencia, flexibilidad, técnica, capacidad aláctica, etc.

Cómo hacer series cortas

Teniendo en cuenta que la distancia a recorrer es muy corta, el objetivo de estas series consistirá en recorrerlas en el menor tiempo posible, es decir, a un ritmo máximo.
Para poder realizarlas correctamente, asegúrate de realizar un calentamiento adecuado para evitar lesiones deportivas y ejercicios de técnica de carrera para mejorar tu coordinación, sin olvidar complementar tus entrenamientos con trabajo de fortalecimiento en gimnasio.

Cuándo hacer series

Si tu objetivo es mejorar tus marcas personales, sería suficiente hacerlas un solo día a la semana, preferiblemente el día después del de descanso para ir con plenas energías y con la musculatura recuperada. De esta manera, el efecto del entrenamiento será superior porque habrás trabajado con mayor rendimiento.

Número de series

Aunque los descansos entre series deberían ser completos, normalmente con un par de minutos sería suficiente, piensa que la distancia es muy pequeña como para fatigarte en exceso.
El número de series no debería sobrepasar las 10 series si hablamos de distancias menores de 100 metros ya que se trata de un entrenamiento de calidad que se realiza a máxima intensidad. En cualquier caso, el entrenamiento con series cortas no debería sobrepasar los 5 kilómetros.
Generalmente, cuanto más larga es la distancia y más alta es la intensidad, menor es el número de repeticiones que deberías correr. Dependiendo de la distancia que quieres recorrer, lo habitual es realizar una media de entre 4 y 10 repeticiones de 400 metros, o 3-5 repeticiones de 1500 metros.



COMO LIMPIAR LAS ZAPATILLAS DE RUNNING


Llegamos a casa empapados y sucios de barro tras un gran entrenamiento. Nuestras zapas último modelo han respondido perfectamente a las exigencias. Sin embargo, parece que han perdido algo de lustre, vamos, que  están hechas una porquería. Han recibido mucha caña últimamente. Las  hemos metido por caminos polvorientos, por barro, por charcos....
En fin, que lo fácil sería que se fueran directamente a la lavadora. Pero, no, ¡grosso error! Eso sería desaconsejable, ya que podríamos estropear los materiales de los que están hechas y probablemente sus tecnologías perderían muchas de sus cualidades.
¿Entonces qué? ¿Cómo las lavamos?
Las introducimos en un barreño con agua templada y les añadimos jabón neutro. Ahí las dejamos durante una media hora hasta que se reblandezca la suciedad incrustada. Una vez transcurrido este tiempo, en el mismo barreño y con la misma agua, las frotamos con un cepillo con las cerdas suaves. No con un cepillo de esparto, ya que podríamos deshilacharlas. Hecho esto, se sacan del agua y se aclaran. Ya sea con una manguera, en la ducha o en un lavadero.
Si vemos que ya están limpias, las pondremos a secar. Aunque nunca al sol, ni junto a una fuente de calor, ya que esto podría deformarlas. Lo suyo será ponerlas a la sombra, en un lugar seco e incluso rellenarlas con papel de periódico para que absorban mejor la humedad. Las plantillas y los cordones sí pueden ser lavados a máquina, no hay ningún problema por eso.



¿PRONADOR O SUPINADOR?



En la carrera a pie hay tres fases, primero una de impacto en la que el talón choca con el suelo, una segunda de apoyo, donde la planta del pie está en contacto con el suelo y la tercera fase que es la impulsión, que es cuando los dedos provocan el desplazamiento. La pronación se produce cuando en la segunda fase: el pie se “hunde” hacia dentro. La supinación es la reacción contraria, “hundimiento” hacia el exterior, y la pisada neutra es en la que no se produce ningún hundimiento del pie, siendo el eje del desplazamiento lineal.

Las zapatillas no deben quedar ni muy justas ni demasiado holgadas, aproximadamente debe de sobrar como medio centímetro entre el dedo más largo y la puntera. Si la zapatilla queda grande se pueden producir desplazamientos que provoquen problemas de uñas, falta de estabilidad e impulsión, recalentamiento...



Otra cosa a la que no prestamos mucha atención es el tipo de atadura que hacemos. Según la altura de nuestro empeine nos podrá ir mejor un tipo de atadura u otro: en escalera, cruzados por fuera, cruzados por dentro, saltándonos algunos ojetes, de manera que las zapatillas nos sujeten el pie correctamente, sin causarnos presiones indebidas.


Nunca debes acudir con prisa a una tienda especialista a comprar unas zapatillas. Debes escoger un día en el que dispongas de tiempo suficiente para hacer una buena elección. Primero, explícale al vendedor todo lo que te hemos contado en el texto de este artículo, luego déjate asesorar y después no dudes en probarte un modelo y otro hasta que te encuentres cómdo. No dejes que la prisa te lleva a una mala elección o a una lesión provocada porque una zapatilla te aprieta demasiado.


Correr es un acto tan sencillo que a veces no nos paramos a pensar en todo lo que conlleva. Cuando corremos atravesamos las fases de impacto, apoyo e impulsión, y todos pronamos, en mayor o menos medida, pues nuestro pie rota hacia el interior, lo que sucede es que sólo llamamos pronadores a aquellas personas que cuando corren giran en exceso el pie hacia el interior.


Lo primero que debemos tener en cuenta a la hora de elegir una zapatilla es para qué la vamos a utilizar, incidiendo sobre todo en dos premisas: la superficie por la que vamos a correr y si las usaremos para entrenar o competir. Según la superficie variarán las suelas, con clavos para la pista y el cross, con relieve pronunciado para trail (montaña), con menos dibujo para entrenar en tierra, asfalto o hierba, o casi lisas en el caso de las de competición en asfalto.

Una vez que tengamos esto claro pasaremos a analizar la talla de la zapatilla. El calzado siempre hay que probárselo en los dos pies, pues es habitual tener uno más grande que otro. Las zapatillas no deben quedar ni muy justas ni demasiado holgadas, aproximadamente debe de sobrar como medio centímetro entre el dedo más largo y la puntera. Si la zapatilla queda grande, el pie se moverá en el interior, pudiéndose producir desplazamientos que provoquen problemas de uñas, falta de estabilidad e impulsión, recalentamiento de las plantas, rozaduras y ampollas.

PESO Y SEXO, FACTORES FUNDAMENTALES

El tercer punto a tratar es nuestro físico, principalmente el peso que tengamos y lógicamente nuestro sexo, pues suele haber diferencias de hormas, tallas y colores entre los mismos modelos de hombre y mujer, sin que unas sean mejores que las otras. Con estas premisas elegiremos el modelo en cuanto a estabilidad, amortiguación, flexibilidad y peso de la zapatilla, teniendo en cuenta que a mayor grado de protección, mayor peso.

La cuarta característica a la que se debe prestar atención es nuestro tipo de pisada, es decir, si somos pronadores, neutros o supinadores. En la carrera a pie hay tres fases, primero una de impacto en la que el talón choca con el suelo, una segunda de apoyo, donde la planta del pie está en contacto con el suelo y la tercera fase que es la impulsión, que es cuando los dedos provocan el desplazamiento. La pronación se produce cuando en la segunda fase: el pie se “hunde” hacia dentro. La supinación es la reacción contraria, “hundimiento” hacia el exterior, y la pisada neutra es en la que no se produce ningún hundimiento del pie, siendo el eje del desplazamiento lineal. Con estas cuatro cosas claras podremos pasar por la tienda especializada para elegir nuestras zapatillas. Como he comentado, anteriormente las probaremos en los dos pies, y en el más largo nos debe de sobrar como mínimo medio centímetro, y como mucho uno y medio. Con ellas atadas nos ajustarán en el empeine sin llegar a ser molestas, pues un empeine suelto da problemas de estabilidad.

Caminaremos con ellas por la tienda para intentar notar su amortiguación, estabilidad, flexibilidad y ligereza, y percibir si nos sentimos cómodos y si tienen ninguna pieza o defecto que nos pueda molestar.

Otro detalle que no puede pasar por alto es que hay que acudir después de entrenar o cuando ya llevemos un tiempo con nuestras labores cotidianas, pues ya tendremos el pie dilatado. Otra cosa importante es llevar a la tienda los calcetines que usamos normalmente para correr y probarlas con ellos. Si usamos plantillas correctoras, éstas encajaran correctamente en las zapatillas, quitando las que traigan de origen, sin que se deban desplazar dentro. Si utilizamos este tipo de plantillas sólo debemos ponernos zapatillas neutras, pues con ellas no necesitaremos más corrección, a no ser que nos lo indique un especialista (medico, podólogo, u ortopeda).

Una vez que las tengamos, antes de comenzar a correr es conveniente probarlas por casa para comenzar a domarlas y al tercer o cuarto día realizar un trote suave con ellas para adaptarlas a nuestro pie y ya estarán listas para su uso (aunque hay gente que necesita estar quince días andando con ellas antes de dar el “salto” a la carrera a pie).

Otra cosa a la que no prestamos mucha atención es el tipo de atadura que hacemos. Según la altura de nuestro empeine nos podrá ir mejor un tipo de atadura u otro: en escalera, cruzados por fuera, cruzados por dentro, saltándonos algunos ojetes, de manera que las zapatillas nos sujeten el pie correctamente, sin causarnos presiones indebidas.

Por último, hay que recordaros que las zapatillas no duran eternamente, que un modelo de entrenamiento estará entre los 800 y 1.000 kilómetros, dependiendo de nuestras características (peso y pisada) y el lugar por el que entrenemos. En el caso de las de competición la durabilidad se reduce a la mitad.


¿ENTRENAS CORRECTAMENTE? TU CORAZÓN TE LO DICE


Cuando se inicia un entrenamiento aeróbico resulta de gran utilidad encontrar la intensidad justa para entrenar. De lo contrario, podemos trabajar por debajo del umbral (entrenamiento ineficaz) o por encima del umbral (entrenamiento anaeróbico), puesto que lo que para ti puede ser una intensidad adecuada, para otro puede suponer poca intensidad o nociva para su salud por ser excesiva.
Un buen método para entrenar midiendo tu intensidad de entrenamiento es a través de la frecuencia cardíaca (FC). La FC es el número de latidos cardíacos por minuto (lpm) y es muy importante conocerla durante tu entrenamiento por la utilidad que posee en la dosificación del ejercicio y en el cálculo de umbrales.
Hay que tener en cuenta que un deportista tiene una FC más baja que un sedentario (en reposo y durante la actividad) y que la progresión en los entrenamientos hará que la FC vaya disminuyendo. Por otra parte, cuando aumenta la intensidad del ejercicio, la frecuencia cardíaca también lo hace, y es a partir del 75%-90% de tu intensidad de trabajo cuando aparece una disminución en la respuesta cardíaca.
Para establecer nuestro entrenamiento por rangos de FC debemos conocer ciertos valores de nuestro corazón, como la frecuencia cardíaca en reposo (FCR) y la frecuencia cardíaca máxima (FCMáxima) que se puede obtener mediante una prueba de esfuerzo.
La mejor forma de calcular la FCR es, nada más levantarte de la cama por la mañana, tomarte el pulso de esta forma durante 4 días y después, hacer la media. Para calcular la FCMáxima tendrás que realizar una prueba de esfuerzo, aunque por otro lado, podemos obtener la FCMáxima teórica (con un 15% de margen de error) que se puede alcanzar en un ejercicio de esfuerzo sin poner en riesgo tu salud, utilizando esta fórmula: (226-edad para mujeres; 220-edad para hombres) o a través de la fórmula que propone la Universidad de Colorado [208 - (0.7 x edad)],. Con estos datos y conociendo la intensidad en la que se va a basar nuestro entrenamiento, podremos averiguar cuál será la frecuencia cardíaca de entrenamiento (FCE), para ello, utilizaremos la fórmula de Karvonen.

Por ejemplo…

Un hombre de 40 años, que tiene una frecuencia cardíaca en reposo de 60 lpm y quiere trabajar al 70%.
Frecuencia cardiaca máxima (FCMáxima): 220-Edad = 220-40 =180 lpm
Frecuencia cardiaca residual (FCResidual): F.C.Max.- F.C. en reposo= 180-60 = 120 ppm
Frecuencia cardíaca de entrenamiento (FCE): [(FCResidual) x % de esfuerzo] + FCR; 70% de la F.C. residual = 84; 84+60 = 144 lpm
De esta manera, para trabajar al 70%, esta persona debe realizar su actividad a 144 lpm.
Lo primero que debes hacer para iniciar un entrenamiento por rangos de FC, es establecer tu objetivo y después elegir tu rango de entrenamiento. Los rangos aconsejables son del 70% al 80% de tu FCMáxima, pero dependiendo del objetivo que tengas deberás elegir un porcentaje u otro. Cada rango corresponde a diferentes mecanismos metabólicos o de transporte respiratorio en tu organismo.

50%-60%

Es la zona para quemar grasas. No se producen adaptaciones a menos que el nivel del deportista sea muy bajo y es una intensidad de entrenamiento que deben llevar aquellos que inician un trabajo de carrera (acondicionamiento básico), para recuperar tras un entrenamiento intenso, para programas de rehabilitación, o para programas de pérdida peso (sesiones superiores a 45 minutos).

60%-75%

Es la zona óptima para que tu corazón trabaje lo suficiente y con margen de mejora, produciéndose adaptaciones, fortaleciéndolo y acondicionándolo para un posterior trabajo moderado y sin dolor. Es un rango de entrenamiento recomendado para mantenimiento físico y salud a través de carreras largas y suaves.

75%-85%

Es una zona aeróbica alta, la percepción que puedes llegar a tener con estas intensidades es la de un “trabajo duro”. Trabaja de forma importante tu sistema cardiorespiratorio, aumentando tú potencia aeróbica y fortaleza física a través del trabajo de cambios de ritmo (fartleks), carreras largas o subidas y bajadas.

85%-90%

Es la zona anaeróbica. Su principal beneficio es incrementar la habilidad de tu organismo para metabolizar ácido láctico. Entrenando con esta intensidad conseguimos trabajar más duro el mayor periodo de tiempo posible antes de cruzar la línea de deuda de oxígeno. Es una intensidad indicada en periodos de competición y se entrena a través de series (siempre cortas) y, por otro lado, en carrera. No es nada recomendable mantener esta intensidad un largo período de tiempo, en cualquier caso, no más de 15 minutos.

90%-100%

En esta zona tus músculos usan más oxígeno del que tu cuerpo puede ofrecerte. Se trata de una intensidad de trabajo en la que corres tan rápido como tu cuerpo te lo permite pero en cortos periodos de tiempo, siempre por encima del umbral anaeróbico (con deuda de oxígeno).
Un ejemplo de entrenamiento en este rango sería: 10×400, con recuperaciones entre series hasta bajar al 70%. Sólo deberías trabajar bajo estas intensidades si estás muy bien entrenado.



 







  




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